Esa sensación de no ser tú el que vive tu vida. Como si lo vieses todo desde fuera. Como si fueras un simple espectador al que no le afectan para nada las acciones de la obra de teatro que es su vida. Es raro, tener esa sensación de que da igual como termine la obra, a ti te da igual, no te influye para nada. No me gusta esta sensación, incluso cuando alguien te habla y contestar como un robot, simplemente porque sabes que tienes que decir algo. O estar en un examen, que te salga estupendamente mal y que te de igual. No sentir nada cuando alguien te da un abrazo, como si fuera un largo sueño del que despertarás en verano. Ainsh, el verano, que grande y maravilloso verano. Ojalá no se fuese nunca... pero es tarde, se ha ido y aquí estamos, como todos los años, tirandonos de los pelos ante los primeros exámenes. Tengo ganas de volar, volar lejos de aquí durante dos o tres años. Simplemente irme. Para poder volver con más ganas, con ganas de vivir, de empezar a ser el protagonista y no solo un espectador. Y todo esto por culpa de la monotonía. Que asco de vida repetitiva y asfixiante. Quiero sentirme viva, saber que puedo hacer algo más que dormir encima de libros de química. Libre, yo, en realidad, lo que quiero es ser libre. Libre de normas, sociales y morales. Libre de pensamiento y de espíritu. Y simplemente dejarme llevar, sin ver la parte mala de las cosas. Sólo aceptar las oportunidades que la vida te presente, sin arrepentirte de ninguna, sin mirar atrás.

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